martes, 20 de marzo de 2007

Las Increíbles Aventuras del Comando IC (3ª Parte)

La fuerza del comando IC es heterogénea y versátil, he ahí el secreto de nuestra efectividad. Mo es el ingeniero informático del grupo además de tirador selecto, carece de cualquier tipo de restricción a cualquier información a la que se pueda acceder a través de un módem, prepara nuestro acceso a instalaciones si su seguridad depende de cualquier soporte informático además de ser un excelente tirador selecto, cubriendo nuestro avance a distancia. Por su parte Breico es Ingeniero de Telecomunicaciones y cacharrero oficial, su proyecto de fin de carrera fue un vehículo autodirigido cuyo fin era esquivar muros, le bautizó como rompe-muros, no obstante desde entonces se ha superado y cualquier tipo de ingenio mecánico está siempre rondándole la cabeza, aportando al comando una independencia que ya quisiera para si el célebre y legendario equipo A. Aparte es piloto de helicópteros, cuenta mas de doscientas horas de entrenamiento en el simulador avanzado de guerrilla urbana Warrock, además me cubre la espalda en los enfrentamientos abiertos contra el enemigo. Yo me encargo del asalto frontal al enemigo, algo parecido a Rambo solo que en versión realista, no es que pueda con mil soldados enemigos armados disparándome desde todas partes, pero me las apaño bastante bien.

5 de enero de 2.007, 18:00h, llegamos a Barcelona y nos damos cuenta de que no tenemos ni puñetera idea de por dónde empezar para buscar a la temible criatura Mo.
-Vamos a tomar un café y a comer un pincho que me muero de hambre-le digo a Breico.
-Buena idea.
Estoy un poco intranquilo, pero no quiero desmotivar a Breico, sin Mo el equipo está cojo pero parece que esto es buscar una aguja en un pajar.
-Bueno-me dice entre sorbo y sorbo de café-Ya veo que no tienes ni puta idea de por donde empezar.
-Otra, pues igual que tú.
-Eres un paquetorrock-me dice levantando el periódico para hojearlo.
-La madre que me parió-digo asombrado.
-No, tu madre no, tú.
No me refiero a eso pero Breico no puede saberlo, no está viendo lo que yo en la contraportada del periódico que tiene levantado. Todavía con cara de pasmo y voz de bobalicón leo: “Polémica fiesta en mansión de multimillonario informático” Breico reacciona y gira el periódico para enfocar la noticia.
-La madre que me parió-dice asombrado.
Bajo el titular aparece un plano de nuestra temible criatura en una piscina sobre un flotador rosa con orejas de conejo, con sus gafas de pasta caídas sobre la nariz y sus ojos ligeramente saltones a medio tapar por unos párpados perezosos que no se terminan de abrir. A sus flancos posan sonrientes dos imponentes rubias de 200-90-60.
-¡La madre que le parió!-exclamamos los dos a la vez.

Sobre la amarillenta y mortecina luz del flexo de una lúgubre habitación de una triste pensión barata cercana al barrio del Carmelo, estudiamos las calles de acceso a la impresionante mansión anexa a la calle Balmes donde reside nuestro nuevo rico compañero. Sobre las paredes están pegadas con chinchetas dos docenas de fotografías obtenidas por una cámara de usar y tirar adquirida en las ramblas y reveladas en una infecta tienda de fotos. Los negativos muestran cada ángulo de la mansión. Un muro de cuatro metros de altura rodea la casa que es un imponente hexágono de seiscientos metros cuadrados de planta y tres alturas. Del muro a la casa hay entre quince y veinte metros de jardín bien cuidado con piscina, fuentes y estatuas de piedra. Solo existe un acceso donde se emplaza una caseta de vigilantes con barrera metálica guarecida por seis gorilas aparentemente desarmados.

-Tenemos cámaras aquí, aquí, aquí y aquí.-Señalo.
-Esas que se vean desde el exterior-dice Breico rascándose el cardenal de la mejilla derecha.
-¿Te duele?-le pregunto.
-De heridas peores he salido.
Horas antes, jubilosos de haber encontrado a nuestro amigo y enterados de la dirección de su casa, no dudamos un instante y corrimos a su encuentro. No obstante, no contábamos con los gorilas armarios empotrados de 2x2 que defienden la entrada.
-A ver, melocotón-dije al gorila- Somos amigos de Mo desde antes que naciera, asi que o nos dejas pasar o el tío este que está a mi lado (Breico) y que es cinturón negro de judo te va a romper la cara a ti y al tonto de tu amigo.

Al gorila no le sentó muy bien el farol y cuando nos quisimos dar cuenta eran media docena de gachós que la emprendieron a puntapiés y puñetazos con el pobre Breico, así que fallado el plan A, realizamos un repliegue táctico para pasar al plan B.

-Tenemos que encontrar la forma para llegar a Mo sin causar muertes entre su escolta.-dice Breico.
-Por supuesto, sigilo y rapidez, es nuestra especialidad.-respondo guiñándole un ojo.
-Nada de armas reales.
-Por descontado.

Son las 10 a.m. del 6 de enero, compramos dos pistolas de pintura en jobi models y nos dirigimos a un parking mal vigilado del centro de Barcelona; Breico consigue hacerle un puente a una furgoneta en menos de media hora. En un cuarto de hora estamos frente a la puerta de acceso de la casa de Mo.

-¡Acelera por tu madre, dale a todo gas!-se me ha ocurrido un nuevo plan.
-¡¿Qué dices desgraciado!?-me pregunta aterrado ante la idea Breico.
-Confía en mí.

La furgoneta ruge y las ruedas chillan y a una velocidad indeterminada nos damos de lleno contra la caseta de los guardias, desarbolándola, haciendo saltar pedazos de cristal y chapa por todas partes.

-Factor sorpresa-le digo a Breico guiñándole el ojo y bajando.
Les hemos pillado por sorpresa, como yo me temía, pero quizá no la suficiente pues de morros me encuentro un portero con una escopeta paralela del 12 con cañón recortado apuntándome a los morros, me da por agacharme en el mismo momento en que aprieta el gatillo, con tal mala suerte que varias de las postas me alcanzan en cuello y cara, haciéndome una avería aparatosa pues rápidamente me lleno de sangre, cuando el gorila se dispone a disparar por segunda vez el gatillo, me incorporo de un salto y (sugiero al lector imaginar en cámara lenta lo que está ocurriendo) girando ciento ochenta grados sobre mi mismo y adoptando una postura horizontal con respecto al suelo, planto el talón de mi pierna derecha en la boca del gorila, mientras que con la izquierda le desarmo. La técnica de este ataque denominado por mí “Patada doble que quita arma y dientes” consiste en caer de pie, pero (modo cámara lenta off) debido la fuerza centrífuga y al mareo que me agarro algo falla y caigo como soy (1,80m y 80 kgs) de plano contra el suelo. Me hago mucho daño quedándome sin respiración, no obstante la lucecita de mi subconsciente me está diciendo que o bien Breico se ha hecho con la situación o el tiro que me van a dar es inminente. Afortunadamente Breico me incorpora del suelo.
-¿Estás bien? ¿Es grave?-está preocupado, tengo mucha sangre en la cara.
-No, no tranquilo-me empiezo a recuperar.
Dos gorilas se encuentran con los ojos cerrados debajo de la furgoneta empotrada con los restos de la caseta, el desdentado que me disparó está siendo maniatado por Breico y con mi pistola de plástico apunto a otros dos que con más miedo que vergüenza lloriquean de rodillas frente a mí. Me duele la cabeza y estoy de muy mal humor así que en un ataque me lío a patadas con ellos por capullos.

-¡Con lo fácil que era habernos dejado entrar el primer día mamarrachos!, ¿no os digo que conozco a Mo?-después de varias patadas Breico me logra contener.
-¡Vamos!
-Oye, estos tíos están armados, yo paso de la pistola de plástico, que todavía nos dejan aquí fritos.
-Joder, si ya nos hemos cargado a dos además, no creo que a Luis le pueda molestar mucho que nos carguemos unos cuantos más, ¿qué mas da dos, que cuatro, que seis?
-Pues eso digo yo.
Así que aquí estamos, (suena de fondo una canción de los Eagles versionada por los Gipsy Kings, Hotel California) cubiertos de sangre y polvo, avanzado con semblante serio (Breico se ha puesto unas gafas de sol de los gorilas) por el jardín de nuestro camarada Mo con pistola al cinto y escopeta en la mano, dos tipos duros, muy duros.

Se abre la puerta de la mansión justo cuando vamos a entrar y dos gorilas armados nos apuntan, pero no tienen nada que hacer, somos ex agentes del CNI, estamos preparados, sabemos lo que hay que hacer, ¡pumba!-¡pumba! Dos escopetazos a dos metros los lanzan despedidos contra la pared del recibidor de la casa, decorándola con sangre. Subimos por unas escaleras en plan mansión Falcon Crest, al que nos sale por medio nos lo cargamos, sirvientas, camareros o gorilas, ¡pumba!-¡pumba!, ¡pumba!-¡pumba!. A los cinco minutos de entrar hemos tomado la mansión y nos hemos cargado a no menos de nueve personas. Pero ni rastro de nuestro amigo Mo.

-¡Maldita sea!-grito yo-¡No esta en casa!
-Me caguen la leche, a ver a quien preguntamos ahora, si nos los hemos cargado a todos.

No, a todos no, en ese preciso momento, un ruido procedente de un armario nos alerta y de una patada lo abrimos para encontrar lloriqueante a lo que parece ser un mayordomo.
-¡¿Dónde está MO!?
-No me mate señor-contesta el mayordomo temblando-salió esta mañana a su clase de Salsa
-Joder, ¿todavía sigue con las clases de salsa?
-Vamos a buscarle.

(Continuará)

1 comentario:

Gallum dijo...

Me descojono. Buenisimo el final.